miércoles, 30 de julio de 2014

A Este Lado de la Carretera

 
La verdad es que nunca he sido gran amante de la música española. Me debe venir de raíces maternas. Ella fue una chica ye-yé de los sesenta que sólo oía música en inglés y yo sin querer, creo que la imi´té en los ochenta, cuya movida pasó por mi vida sin pena ni gloria.
 
Pero siempre hay una excepción (o varias), que acaban confirmando la regla.
Por aquella época de los ochenta, en plena adolescencia y como es lo que le corresponde a dicha edad, fue época de cambios hormonales y de cambios de educación. Pasar a bachillerato, a un instituto nuevo fue toda una nueva etapa en mi vida. Una etapa muy bonita, que probablemente por llevar apareada una sobrecarga hormonal hizo que sobre este terreno fértil, apareciera nuevamente un nuevo amor que me tendría la cabeza ocupada. Amor, que como buen pagafantas, sería por supuesto, platónico. Faltaría más...
 
Por ponerle un nombre, llamemos a ese prototipo de mujer, objetivo de mis deseos, "La Proto", para abreviar y de alguna manera, mantener el anonimato.
Aquí me tienen ustedes desde el primer día que la vi en 1º de BUP, sin dejar de pensar durante todos los cursos y en sus largas ausencias de verano.
Yo tenía bien claro que La Proto era para mí y que nadie me la arrebataría. Lo supe desde el primer día que entramos en aquella clase, miré hacia arriba y vi a una mujer inacabable. Sólo había que esperar el momento adecuado. De momento, en el primer año de instituto quizás sería demasiado pronto, teniendo en cuenta que medía 20cm más que yo y creo que aún no me había afeitado por primera vez. Así que con gran sabiduría decidí que lo mejor sería esperar al año siguiente. No había que correr y mejor tomarse las cosas con calma. Las cosas importantes llevan su tiempo, debí pensar...
En 2º de BUP las diferencias se fueron estrechando. La distancia que tenía que crecer era menor; ya me afeitaba de vez en cuando, pero pensé, con gran acierto, que si me apresuraba, obtendría un no como respuesta, así que tras darle vueltas, creí más oportuno esperar un año más. De momento no me constaba que estuviera saliendo con nadie, clara señal de que aunque no me lo había dicho, me estaba esperando. Estaba claro que el éxito estaba asegurado.
Tercero de BUP fue un año importante. Académicamente, claro. Ese año tuve que orientar mi futuro hacia las Letras o las Ciencias. Opté por las segundas y ¡Oh, sorpresa! La Proto también. Así que estuvimos todo un curso juntos, en las mismas clases, compartiendo apuntes... Estaba lanzado. El momento del triunfo se acercaba inexorablemente. Pero sin que lo esperara, llegó ese final de curso inesperado y alguien tan decidido como yo, vi claro que si había estado esperanso tres años, ¡qué mejor momento para iniciar el ataque, que recién llegado del verano, moreno, alto y con las ideas claras acerca de cuáles son las frases perfectas para conquistar a la chica de tus sueños...!
Y llegó el laaaargo verano de 3º a COU en el que tanto eché de menos a La Proto. Último verano, sin duda, que pasaría sin ella. Ya todo estaba a punto. Había crecido, la había superado y ya era más alto que ella.
Y comenzó mi último año de instituto. Año que debía ser histórico, porque recibiría el premio de la victoria de una batalla estratégica, magistralmente planteada durante casi cuatro años. Más laborioso que el desembarco de Normandía.
Pasaron las primeras semanas del curso hablando mucho de muchas cosas. Así me empapé de la música que le gustaba, del cine que veía, de lo enamorada que estaba de Tom Cruise y de su gran enfado cuando se casó con Mimi Rogers, "La vieja esa", como decía La Proto...
 
Ya tenía suficiente información del departamento de inteligencia, como para plantear un ataque con los tres ejércitos. La fecha estaba decidida: después de Carnavales.
Llegaron esas famosas fiestas de mi tierra y La Proto como en un regalo de Navidad adelantado, llegó a clase con una sonrisa que nadie le había visto nunca y con una noticia que sus amigas jalearon con alegría, pero que yo nunca entendí. La Proto tenía novio.
Pero no un novio cualquiera, no... Un muchacho imberbe, imbécil, de la clase de Letras, amante de U2 (he ahí mi odio por ese grupo desde entonces), y encima más bajito que ella. ¿Para eso he estado creciendo todos estos años? (pensé).
 
Y tal como llegó, La Proto, que nunca fue mía, se fue sin serlo. Sólo lo había sido en mis deseos, en mis castillos en el aire y en mis pensamientos.
Estuve muy triste unas semanas. Enfadado conmigo mismo pensando lo tonto que había sido, por ser tan tímido y tan indeciso. Estuve apesadumbrado hasta que una mañana, antes de levantarme e ir al instituto, puse la radio y escuché una canción muy alegre, que me hizo ver que el mundo está lleno de Protos, pero que sólo hay un Mel.
 
Esa canción, española, como las que le gustaban a La Proto, me recuerda al resurgir de mis cenizas, pero con el paso de los años la he hecho mía y ha dejado de ser un recuerdo de ella.
Tal vez no sea la canción más conocida de Danza Invisible, al que todo el mundo asocia con la empalagosa Sabor de Amory que siempre he considerado una buena sintonía para un anuncio de yogur con frutas troceadas. Tal vez no, pero mi favorita es esa versión de Bright Side of the Road de Van Morrison que cantan los malagueños de Danza Invisible y que ellos llaman A Este Lado de la Carretera.
 
A Este Lado de la Carretera ha sufrido una conversión en mi vida. Ahora lejos de recordar mis tiempos de gran seductor del Instituto, me hacen pensar en mis maravillosos veranos en Málaga. En la Málaga de los espetos, de la Feria, del Cartojal, pero sobretodo en la Málaga de la buena gente. Esta canción es el destino, el trayecto y el origen de cada viaje que hago cada verano, buscando el paraíso del Sur. En la larga carretera que me lleva a mi querida ciudad de Málaga tengo al otro lado unos parientes que son mi familia porque siempre me han hecho sentir y unos amigos que cuando estoy por allí, me hacen ver que aquél no es el otro, sino este lado de la carretera.