miércoles, 30 de marzo de 2011

Secret


La vida no se parece en nada al cine. Los finales no tienen música de fanfarria, con una orquesta que nos conduce hasta el perfecto desenlace. No son felices como nos ha querido hacer creer la gran pantalla. De eso sabe mucho mi querido protagonista de hoy. El héroe de mis relatos inventados, el más noble y bueno de las personas que he conocido, mi querido amigo Mario.

Hoy no hay dosis de nostalgia, pues la composición del cantante Seal está aún muy fresca en mis sentidos. La oí casi por casualidad hace menos de una semana, y sin saber exactamente por qué, pensé en Mario.
Caminamos juntos, pero por caminos distintos desde que éramos casi niños, muchos años ya. Por eso sé que éstos son unos días muy tristes para él. Ha perdido a alguien muy importante en su vida. Y quizás por eso, porque mis pensamientos están con Mario, con su tristeza y su pena, cuando el otro día apareció esa canción, sonando en mi radio, me sorprendió pensando en mi amigo.

La he oído varias veces estos últimos tres días y no soy capaz de desprenderla de él. Por eso hoy es un poco distinto. No traigo recuerdos en estado puro. Traigo el inicio, la primera etapa de unos futuros recuerdos, que tendré cuando escuche nuevamente, dentro de unos años, este Secret y piense otra vez en lo frágil y lábil que es la existencia humana y lo grande y maravilloso que es la amistad.



miércoles, 23 de marzo de 2011

On the beach



Nadie me cree cuando digo que no me gusta la playa. De entrada, siempre he preferido la montaña a la playa y si hay que ir a la costa, me agrada más la comodidad de la piscina.
Por eso tienen mucho más valor mis palabras, cuando hablo de mi querido paraíso, mi añorada Fuerteventura.
Porque sus agrestes paisajes, su interior desértico y sus sedosas arenas blancas, lamidas por esa mar turquesa, me hacen sentir que el tiempo no pasa. Ese tiempo omnipresente buscaba un remanso de paz, como yo, y lo encontró en aquel paraje de inmensa belleza.
La playa no es playa en Fuerteventura. Se convierte en una nueva identidad, en algo superlativo y sublime que necesita una definición que nuestro lenguaje aún no posee.


Chris Rea lanza un canto optimista a la playa con su On the beach. Quizás es su tema más conocido, del que ha hecho varias versiones. La primera de todas es la que he escogido, porque pienso que su playa es la mía. Un soñador como yo, no puede evitar cuando oye sus notas, que mi mente y mis sentidos se trasladen a mi querido rincón del Atlántico, donde he disfrutado de tan buenos instantes de felicidad. Su música me hace sonreir porque me traen de nuevo los momentos que he vivido y compartido con mi isla. Y a la vez me siembran esa amarga añoranza por no poder pisar su arena.


Fuerteventura es una amante fiel, puntual, que siempre te espera, con su reconfortante e imperecedera belleza. Y cada día sueño, cada día que en el aire se escucha ese On the beach, con volver, y que el aroma majorero que tanto amo, impregne de nuevo mi alma.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Souvenir of China


Jean-Michel Jarre irrumpió con 29 años en el panorama musical, con una obra innovadora, su disco Oxygène, completamente instrumental, a base de sonidos electrónicos, que sorprendió a un público que se enamoró de inmediato, de aquella nueva forma de entender la música.
A este disco le sucedieron otros, con un menor éxito, como fueron Equinoxe, Magnetic Fields y Music for Supermarkets. Se da la curiosidad que este último, ha llegado a ser el disco más caro de la historia. Aunque inicialmente fue compuesto como música ambiental de una exposición de arte, finalmente Jean-Michel Jarre grabó una sola copia y destruyó ante notario todos los másters, para subastarlo posteriormente con fines benéficos.
Cinco años después de la aparición de Oxygène, Jarre dio una gira de conciertos en China, siendo el primer artista extranjero al que se le permitió hacerlo en aquella nación asiática. Durante esas actuaciones, compuso Souvenir of China, cuya melodía principal está jalonada de recuerdos de China y del sonido de una cámara de fotos, que va inmortalizando todos los momentos vividos en aquel lejano país.

Hace poco le preguntaron a Jean-Michel Jarre si sabía quién era el propietario de Music for Supermarkets, a lo que contestó: "...creo que es un belga. Es una historia muy conmovedora. Ese hombre estuvo en coma durante mucho tiempo. Cuando despertó, oyó en la radio Souvenir of China. Tras la emisión de este tema, comentaron en la radio la subasta de Music for Supermarkets y dijo: Ese disco tiene que ser mío...".

Jean-Michel Jarre llegó a mi vida casi a la misma vez que lo hizo mi primera cámara de fotos. Una Kodak Pocket A-1 que hacía unas fotos horribles. Lo milagroso es que después de esa experiencia, tras ver los resultados, todavía quisiera seguir haciendo fotos. Debió ser una especie de prueba para hacer una selección natural, una criba entre la gente aficionada a la fotografía.
Un buen día sonó un tema instrumental en la televisión y mi madre, como buena chica ye-yé, y por tanto, melómana apasionada, de la que he heredado esta afición musical, me pidió corriendo, que trajera una grabadora para registrar esas notas que salían de nuestro viejo Telefunken Palcolor, las cosas como son, lo que hice de inmediato.
Con tan sólo 20 segundos de canción, nos fuimos hasta una tienda de discos, donde le pedimos al tendero que escuchara el fragmento, a ver si podía reconocer lo que habíamos grabado. De allí nos salimos muy contentos, llevando bajo el brazo nuestro Equinoxe.
De esta forma tan rudimentaria, descubrí a un genio francés, que me ha acompañado el resto de mi vida.
Cuando escucho Souvenir of China, no puedo evitar pensar en mi amor por la fotografía, que comenzó casi cuando empezó mi afición por Jean-Michel Jarre. Es la perfecta banda sonora de unas maravillosas fotos, que siempre sueño con llegar a hacer, pero que no sé si lograré alcanzar algún día, a pesar de que mi cámara actual es bastante mejor que aquélla que me regalaron en mi infancia. El sonido de esa cámara insaciable, retratando instantáneas del país asiático, junto a  la atmósfera envolvente de Jean-Michel Jarre, son para mí, el cierre de un gran círculo, que se inició cuando tenía menos de diez años y que entremezcla la música y la fotografía.



miércoles, 9 de marzo de 2011

Arthur's Theme


Cada viernes de 6 a 7
En Radio Poeta
Tu programa de cine:
Radiometraje

Así comenzaba cada viernes por la tarde la emisión de nuestro querido programa en Radio Poeta, la emisora de nuestro instituto.

La música que Christopher Cross compuso con Bart Bacharah para la película Arthur el soltero de oro, era la sintonía que toda nuestra familia y nuestros amigos esperaban, como el pistoletazo de salida, para que comenzase una nueva transmisión de su programa favorito.

No había nada improvisado en nuestras emisiones. Nos reuníamos los fines de semana y durante horas, preparábamos a conciencia todo el guión, consultando libros, prensa y discutiendo de qué hablaríamos la próxima vez. Desde el domingo anterior, sólo había ya que estar a la espera de que llegase nuestro ansiado viernes por la tarde.
El alma máter de nuestro Radiometraje, además de ideólogo y guionista principal, era mi primo José Amaro. Erudito, filósofo, escritor, dramaturgo y gran cinéfilo, era y es, una gran fuente de sabiduría cinematográfica. De él partió la idea de hacer Radiometraje y en gran manera, esta experiencia radiofónica tan maravillosa, se la debo a él, a su iniciativa, a su tenacidad y a su gran capacidad de trabajo y seriedad.

José Amaro Carrillo tiene para mí una de las grandes virtudes que siempre he admirado en las personas inteligentes. Sabe reirse como nadie de sí mismo. Hasta tal punto, que en muchas ocasiones, cuando adoptaba poses que me recordaban a Jesús Hermida, creo que se parodiaba a sí mismo.
Pero no fue así durante la emisión de nuestro entrañable Radiometraje, a pesar de ser una persona muy divertida. Fiel a lo que acordamos cuando enviamos el proyecto de hacer un programa de cine, decidimos que una vez que fue aprobado para poder ser llevado a las ondas, se trataría de algo serio, con escasas concesiones al humor, para diferenciarnos del resto de la parrilla de Radio Poeta. Nuestro propósito no era hacer un programa gracioso, sino entretener, informar y enseñar cine a la joven audiencia, integrada sobretodo por los estudiantes de secundaria de nuestro Instituto Poeta Viana. 

Esta premisa que habíamos pactado previamente, de tomarnos en serio el programa y evitar el cachondeo en nuestras emisiones, fue cumplido a rajatabla por él. La única transgresión que se permitió en todas aquellas semanas, fue un día que dijo: "...la actriz griega Irene Papas, es conocida en el Reino Unido como Irene Potatoes..."
En cambio, yo cada vez era más difícil que pudiese mantener nuestro pacto y en cada programa veía la oportunidad de ir diciendo alguna tontería, que era frenada por la mirada seria de mi primo, que en su gesto venía a querer decir: "¡Coño, Mel! ¿En qué habíamos quedado? Habíamos dicho que sería un programa serio..."

Y todo fue bien hasta aquel último programa de la temporada, en que vino a visitarnos nuestro amigo Mario. Y todo se vino abajo cuando llegó el instante en que se nombró a Alfredo Landa. Que el actor español protagonizase una película que se llamase Sinatra, fue la puerta abierta de los toriles, para mi humor reprimido durante tantas semanas.
Creo recordar que comencé más o menos así: "...Alfredo Landa, ese genial actor, del que tendría que aprender ese aficionado llamado Sinatra. Alfredo Landa es sin dudarlo un referente. Un antes y un después en el cine universal..."
Mi primo, estupefacto, lo intentaba arreglar diciendo: "Pues sí, Mel, no me negarás que Alfredo Landa es un gran actor..."
Yo le replicaba: "El inventor del Landismo, con grandes obras maestras como Cateto a babor..." 
"No me negarás, Mel, que es historia viva de nuestro cine reciente..." - intentaba enmendarme mi primo, incrédulo a lo que estaba viviendo.
"...Y qué podríamos decir de nuestra Katherine Hepburn española - añadía yo - La grandísima e inimitable Rafaela Aparicio..."

Todo estaba ya perdido. Aquello había dejado de ser serio. Mi pobre primo, intentó de alguna manera salvar el programa, mientras yo continuaba desbocado, diciendo tonterías una tras otra, emborrachado como estaba, con esa risa tonta que era incapaz de frenar, enlazando una tras otra. Él no sabía ya qué hacer, por lo que pensó que lo mejor sería despedir la emisión con música y para ello escogió una banda sonora legendaria.
Mientras sonaban las primeras notas de Out of Africa, la voz de José Amaro se mezclaba con el sonido in crescendo de los violines  y en todos los transistores de Santa Cruz de Tenerife que estuviesen sintonizando Radio Poeta, se escuchaba:
"...¿reconocen esta música? Cierren los ojos e imaginen una sabana africana, completamente verde. Al fondo, mezclados con el paisaje, una pareja de enamorados. Son Robert Redford y  Meryl Streep, Dennis Hutton y Karen Blixen, sentados en la hierba..."

Yo tomé rápidamente la palabra y añadí: "...y junto a ellos un árbol. Y tras el árbol, estaba escondido... ¡ALFREDO LANDA!"



miércoles, 2 de marzo de 2011

Say You, Say Me



Lionel Richie era durante los 70 el líder de los Commodores, uno de los famosos cantantes del sello Motown. Luego decidió lanzar su carrera en solitario, ya metidos en los 80, con bastante éxito. Lionel Richie era una de las referencias musicales de aquella época.
Sabiendo esto, se le encargó una canción para la película White Nights, teniendo la certeza de que su registro romántico encajaría perfectamente con la película. No era la primera vez que intervenía en el cine. Su tema Endless love, a dúo otra chica Motown, Diana Ross, dio además el título a la película.

Say You, Say Me obtuvo el globo de oro a la mejor canción original y posteriormente el Oscar en el mismo apartado. Con ella competía otra canción no menos legendaria, que además aparecía en la misma película. Se trataba de Separate Lives, de Phil Collins.
Al contrario de Separate Lives, se daba la curiosa circunstancia de que la canción que obtuvo el Oscar, no era incluída en el album de la banda sonora de su película, White Nights, ya que la productora, Motown, no permitía que un cantante suyo apareciera en otra firma discográfica.

Al margen de esta curiosidad discográfica, la canción de Lionel Richie, se ha convertido con el paso de los años en un clásico, cuyo estribillo se ha hecho universal y que no podemos evitar canturrear, cada vez que la escuchamos.
Cada uno la asocia a algo, supongo. En mi caso, cuando oigo esta canción no dejo de recordar aquella época en la que estaba enamorado de ella.
No me importaba nada que tuviese casi veinte años más que yo. Ni que estuviese lejos. Sabía que un día nos encontraríamos. Soñaba con un día poder viajar a Nueva York, a buscarla en aquel restaurante al que solía ir a cenar a menudo, o al menos eso leí una vez en una entrevista en el Fotogramas. Sabía perfectamente lo que le diría, el tono, la cadencia de mis palabras y la sonrisa que les acompañaría. Todo perfectamente planeado, sin fisuras, y por tanto, de éxito asegurado. De allí nos acabaríamos yendo a su apartamento, frente a Central Park y desde ese momento, estaríamos juntos para siempre.
Le contaría que desde que la vi en White Nights he descubierto el mundo. Que incluso una vez fui a verla dos veces a la misma película, dos días consecutivos y que el segundo día me gustó más que el primero. Tuve que esperar a que quitaran la película, pasando por el cine cada día y tras la espera, poder conseguir el poster de la película, que colgaría en la pared de mi cuarto.
No me costaría hacerle ver que aunque yo no era David Lynch, y tan sólo un adolescente, estaba convencido de saber cómo hacerla feliz y que jamás se arrepentiría de haberme conocido. Hablaríamos de cine, de mi actriz favorita, su madre, de fotografía, de viajes, de comida italiana, de todas aquellas cosas que a ella y a mí nos apasionaban y cuando llegase el momento, rozaría mis dedos en sus labios, para que sus palabras diesen paso a mis besos.

Nadie me tomaba en serio cuando les contaba que había encontrado la mujer de mi vida. Que aunque tuviera que ir lejos a buscarla, sin ella saberlo, estaría esperándome. Y a pesar de que pudiera parecer para los demás muy joven, demasiado inexperto, un iluso, e incluso un romántico soñador, tenía la certeza como nunca me había sucedido antes, que por fin la había descubierto,  y que ella era, Isabella Rossellini.